Abrí y cerré
el Word 75 veces en un día. Las páginas vacías frente a mí me daban pánico. Me
gritaban que empezara a laburar y yo ni sabía por dónde. Decidí empezar por
donde no estaba parada. Olvidarme de esos recuerdos melosos que nos atan a un pasado que pelea
con el presente. Quería experimentar algo ajeno. Hacer punto aparte de que yo
sea una nena especial con un corazón demasiado grande. Punto aparte que las cosas
no hayan salido de la manera indicada. Punto aparte. Punto aparte. Punto aparte.
Siempre tengo que empezar de nuevo
El otro día
me robaron la bici. Eso fue un bajón. Ojo, no me considero alguien
materialista. Soy más de la raza que cuando mi mama dice: Vamos a comprar un
vestidito nuevo. Me escondo debajo de la
cama y apago la luz. Nunca me llamo la atención
los lujos de una actividad mundana. Decido vivir con pasión pero me cuesta
bastante sentir algo fuerte hacia un
bolso detrás de una vitrina.
Pero las
cosas con mi bici eran diferentes. Particulares. Porque era mía y yo era suya.
Un equipo. Siempre éramos los dos. Fue la única cosa que se comió mis tiempos y
sin embargo siempre me seguía esperando.
Tener una bici me daba control. Y yo soy fanática del control. Soy como Jean
Grey sin los superpoderes. Me encanta saber todo; la información es poder. Pero
no lo digo como lo diría un villano. Lo digo como lo diría un Ravenclaw. Que se
pasa todo el tiempo estudiando en la biblioteca mientras que Harry Potter está
tramando un nuevo plan para saltearnos los exámenes otro año. Que pendejo, el
chabón se quejaba de tener tarea mágica mientras nosotros sufríamos los
logaritmos.
Y porque me
gusta pensar las cosas me di cuenta que cada pensamiento siempre conecta a
otro. Y otro. Y otro. Y otro. Y así de la nada te acordas de algo que creías
haber olvidado. Un gorro rojo de lana con unas manchas de pintura. Objetos, que
no tienen significado. Al menos que te tomes el tiempo de dárselos. Yo
personalmente le doy importancia a un objeto. Porque sé que si se mueve, si
tiene vida, se puede alejar de mí. Es mejor agarrar un objeto y darle vida que objetivar
a un ser humano. No se puede confiar en algo que esté vivo. Están programados
para decepcionarnos. No lo digo como víctima, lo digo como observadora. La observadora
de las guerras mundiales, donde alguien mataba a un padre, un hijo, el amor de
la vida de alguien para defender una intriga política que no llegaban a
entender. Estamos vivos para buscar sentido a las cosas que hacemos. Y casi siempre ese sentido nos lleva a creer
ciegamente en alguien que domina las emociones que no podemos controlar.
Cada emoción
es distinta, particular. Si las dejamos, nuestro cuerpo se deja someter por
ellas. Está la soledad: el cliché de que estás parado junto a mucha gente y sin
embargo sos solo vos. Ansiedad: el reloj hace Tic, Tic, Tic, TAC te rompiste
una uña porque lo escuchaste demasiado. Felicidad, cuando te crees que te tiras
por la ventana vas a poder volar. Y así explico mi teoría porque la felicidad y
la física no se van de la mano. Furia: el fuego purificara todos tus pecados
hacia mi cuerpo. Envidia: Quiero, quiero, quiero, quiero, ella parece más feliz
cuando lo tiene. Tristeza: El agua es demasiado fría y la noche parece eterna.
Desamor… toma el cuchillo, cuenta hasta 7, cierra los ojos. Y no los vuelvas a
abrir. Esperanza: Acordate que cerrar los ojos, a veces significa seguir
soñando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario