Pasé casi todo el día como un autómata de los sims. Solo que sin el juego
porque por alguna razón no había podido bajarlo bien. Las horas pasaron y yo me
decidí a hacer algo. Fue más que nada por una cuestión de que mierda escribiría
en el blog (y que el aburrimiento me estaba pesando).
Decidí que era una buena idea ir a la plaza. Tomar un poco de aire fresco
y tal vez escribir. Siempre iba al mismo banco. Pero el banco no era mío, sino
también le correspondía a Lucky. Mi Lucky. Su Lucky. Y para mi sorpresa, el
banco estaba ocupado, por nada más y nada menos que Lucky y su nueva chica.
Me paralicé. Tomé un desvío y me fui a buscar otro banco en la plaza.
Estaba sola, y eso activo la cadena de pensamientos que tenía corrientemente.
Todo volvía a las mismas preguntas: ¿Por qué en MI banco? ¿Por qué en MI
plaza? ¿Por qué con ella?
Empecé a caminar sin rumbo por las calles. Mis pensamientos me consumían
pero no me salía llorar. Ya estaba cansada de llorar… Llorar por un espejismo
de felicidad. Llorar por mi papá. Me hacía sentir débil y eso no era lo que
quería! Así que me resolví a ordenar mis pensamientos mientras comía la cookie
pie y un scon de MasterCook. Solo quería que pasaran los minutos así que cuando
volvía ellos se hubieran ido. Lo haría porque sabía que era lo mejor.
Yo sé que las cosas con Lucky se terminaron. Que nunca vamos a volver a
amarnos. Por más de que mis sueños se plaguen con su fantasma, él y yo habíamos
terminado y yo estaba feliz con ese resultado. Me sentí orgullosa de mi misma,
la persona que se alejó de una relación que amaba para intentar recuperar su
todo.
Lentamente volví a lo de la abuela. Lucky y su chica ya se habían ido.
Pensaba que iba a llorar cuando llegara a casa, pero eso no paso. Tal vez fue
porque estaba la abuela o tal vez por
algo más. Mi mente volvió a la vuelta de Saturno y entendí que mi move on from
Lucas e Iron Dad tenía que ver con eso. Ese bendito planeta finalmente me
estaba dando el cierre que necesitaba. Pero el poder de cerrar esa puerta
sin mirar atrás lo tenía yo. La pregunta era (por más cliché que suene): ¿Me
atrevía a cerrarla y seguir por el camino?
No hay comentarios:
Publicar un comentario