Cronicas

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lunes, 7 de septiembre de 2015

Día 14: El maquinista

Me levanté a las 8 de la mañana sin poder volver a dormir. Muchos pensamientos cruzaban mi mente en ese momento, y por una cuestión de rutina agarré el celular. Sabía que quería volver a dormir pero había tenido una pesadilla y tenía miedo de tener otra. Me calme cuando me acordé que los sueños no se repiten. Me volví a dormir, solo interrumpiendome un momento cuando mamá se paso a mi cama. La escena me dio nostalgia y no estaba segura si era parte de un sueño. Solía dormir con mi mamá en esa misma cama. Pero en algún momento crecimos y dormimos en camas separadas.
La segunda vez que me desperté fue a eso de las 12, con el sonido de mi mamá diciendo que el almuerzo iba a estar listo dentro de poco. El almuerzo en cuestión fueron milanesa con ensalada, y por segunda vez tuve nostalgia.
Me metí en la ducha y otra vez pensé en todos los cambios en los que me enfrente por la vuelta de saturno. Podía empezar a sentir como todos mis dolores se iban con el viento. Eso era algo bueno, me dije. Seguro, perdí bastante en el proceso, pero sabía que iba a terminar bien.
Después de salir de la ducha lo correcto hubiera sido secarme el pelo con secador, pero no tenía ganas. Quería ser salvaje y tal vez interiormente un poco perturbar a mamá. Soy malita, es como soy. Mamá se perturbo y me seco el pelo y me lo plancho. Después empezó a tomar fotos, donde al principio no le di bola porque no quería saber nada con las frivolidades. Pero después me adapte, fue divertido, y sabía que era parte de la Indi 2.0.
Cuando llego la hora de marchar para taller literario, me fui caminando. Por suerte a las dos cuadras me cruce con el novio de mi mamá que estaba con el auto y me alcanzo a la estación. Pregunto como estaba mi mamá y ahí es cuando empece a sospechar que algo estaba pasando. Pero no quería malas noticias; había tomado demasiadas malas noticias en la semana.
Ya cuando estaba en el colectivo sabía que iba a llegar tarde. Me ponía nerviosa la idea de llegar tarde pero sabía que había sido mi culpa. Me puse a pensar en el texto que había preparado para taller pero tampoco ayudo. Odiaba el texto, no me gustaba, no me llamaba. Parecía muy falso.
En mi mente pensé en otro texto. Ese nuevo texto me gustaba, pero ya era tarde para cambiarlo. Sin embargo, como no tenía nada que hacer más que esperar, indague en la historia. La historia planteaba el mundo de un maquinista que se suicidaba tirandose en las vías del tren. Estaba celoso porque su amada, el tren, siempre se dejaba manosear por otros maquinistas. Así siempre estaría con ella.



Finalmente llegué al subte. Había wifi pero estuve 5 estaciones intentando conectarme para enviarle un mensaje a capitán Flan de que llegaba tarde. Estaba muy estresada, no me gustaba llegar tarde. Pero la culpa era mía. Sentí el impulso de mentir, de decir que algo me había pasado y que por eso llegaba tarde. No caí en el impulso pero era fuerte. Mentir era parte de mi pasado, parte de él; mi Lucky. Él y yo fuimos la mentira más grande.
Cuando llegué a taller, empezamos con los textos. En cada texto encontraba admiración, plenitud. Me costaba concentrarme pero nunca en taller. Capitán Flan no había corregido los textos; lo cual me hizo sentir culpable de que no le había dado vida a ese maquinista celoso. Tal vez era algo bueno, su historia tendría que ser contada por alguien más en otro momento.
Llego el final de taller y yo pensé (tal vez demasiado fuerte) que no había sido una buena idea lanzar lo que tenía una consigna. Pero pensaba que tal vez se olvidarían y casi llevo a cabo con el plan hasta que un chico de taller lo comento. Quería matarlo pero me contuve. Procedí a explicar mi consigna, pero por suerte no fue tomada con seriedad. Mi miedo que surgió en la semana es que era una buena consigna pero sabía que tendría problemas al hacerla por eso había cambiado de opinión. Nunca se llego a una decisión.

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