Cronicas

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lunes, 14 de septiembre de 2015

Día 21: La ausencia de astroboy

Me levanté con miedo de haberme quedado dormida. Por suerte mis personajes ficticios me dejaron el sueño en paz (más que nada porque prometi enfocarme en ellos hoy justamente), y empece a hacer boludeces desde que me desperté hasta que me fui. La idea era almorzar con papá.
Entonces me tomé el colectivo 108 y en el camino vi por la ventana (porque mi celular andaba sin batería y no podía ver supernatural) un hombre sentado en medio de la calla sacando fotos. Quise escribir una historia sobre él pero no quería distraerme de mi novela. Realmente no tenía ganas de que mis personajes ficticios me volvieran a perseguir con cuchillos thank you very much.
Cuando llegue papá se sentía mal porque había tomado mucho en festejo del partido de ayer (P.D.: VAMOS BOQUITA!) así que no comio nada y tomo agua. Yo en cambio comí mucha carne y practicamente nada de vegetales.
Después me fui para casa y ordene la mayor parte del tiempo para así mi cuarto estaba... bueno aceptable. Extrañaba ir a casa y más que nada extrañaba a Baby. Me la iba a llevar al taller pero se termino haciendo tarde y me fui en subte. Prefería esa actividad porque más allá de que extrañaba a Baby, el subte me iba a dar tiempo para leer y además seguramente volvería con Frufru, porque ella se tomaba el subte.
Llegue 10 minutos antes y toque el timbre. No contesto nadie, entonces segui leyendo. A las 7 y unos minutos llego Frufru y yo corte con mi lectura (que por cierto hace que 50 sombras de gray parezca un nene de mama). Esperamos unos minutos y solo porque nos parecía raro que se hiciera tan tarde volvimos a tocar. Esta vez capitán Flan contesto y bajo a abrirnos, explicando que como estaba en su cuarto no había escuchado el timbre. Yo libere entonces la caja de pandora: una bola de lana para zuko, su gato.
No recuerdo jamás en mi vida ver un gato tan desenfrenado por agarrar una bola de lana pero este se volvía loco cada vez que la lanzabamos. A los pocos minutos vino coyu y empezamos porque nadie más había enviado textos. Lo que significaba que ASTROBOY, LA COSTILLA DEL ESQUELETO QUE FORMABAMOS, IBA A FALTAR! El sillon se sentía vacío sin el.
Como eramos pocos (cosa que no hubiera pasado si hubiera venido alguien más, no se por ejemplo ASTROBOY), Capitán Flan hizo que nos pararamos a leer nuestros textos sintiendo cada una de las palabras. Mi problema fue que si bien sentía las palabras, mostraba el mismo sentimiento en todo el texto: enojo.
Cuando lo había escrito pensé que era dulce pero el capitán Flan tenía razón. Tenía todo este enojo y tristeza acumulada que no sabía ni que existía. Me puse a pensar en eso cuando llegue a lo de la abuela y me puse triste. Sabía que era todo parte de un proceso auto-impuesto para hacer de mi vida una buena historia. Pero todo era demasiado real.

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