Lo primero que hice en el día fue agarrar el telefono. El telefono real, no el celular. Pase la primera media hora de despertarme hablando con Mr. Ojotas, uno de mis pocos intimos amigos. El tenía un problema del que quería discutir, y yo hice lo mejor para darle mis consejos desde una perspectivas de amor con dios. Estaba feliz; el cambio que había hecho adentro mío con el que me levantaba todas las mañanas con una sonrisa era lo que me hacía feliz.
Después de colgar el telefono, empece a hacer tiempo hasta que llegara tiempo de salir. Quise dormir pero no podía, siempre me daba la luz. Empecé a pensar historias. Todas quedaron en mi mente porque no sentía por ese instante que fuera buena escritora. Tengo buen material eso sí. Pero mi gran defecta es que me cuesta fijarme en los detalles. Yo paso de acción a acción y así tambien soy en la vida. Mi tema es que tengo buenas ideas pero al plasmarlas toda una pila de mala literatura siempre me influye.
Finalmente llegó la hora de salir a encontrarme con Iron Dad. Decidió que era una buena idea que vayamos a tienda de ideas a comprarme algo. Todo lo que compraba en esa tienda me quedaba expectacular y esta vez tampoco fue una excepción. Fui la primera en llegar así que empece a buscar.
Encontré tres vestidos. Cuando estaba probandomelos llegó Iron Dad. Vio como me quedaba el segundo y el último pero fue el primero el que me había convencido. Y los alagos de Iron Dad reafirmaron esa confianza.
Después salí y enfile para lo de la abuela, pero Iron Dad me alcanzó a la cuadra preguntandome si quería ir a merendar por ahí. Me sentí bien. No estaba lista para confiar de nuevo pero me sentí bien y me deje llevar. Terminamos tomando un milkshake de frutilla con un licuado. En el camino, dijo que sería una buena idea que nos vayamos en octubre a colonia a trabajar en nuestro libro. Ahí es cuando empece a volar. Tal vez, aunque no lo decía porque era muy terco, notaba que nos estabamos distanciando y quería arreglar eso. Sabía que no era inteligente pero sentí un pequeño rayo de esperanza.
Después de separarnos, enfile para lo de la abuela con el fin de mandar a arreglar la bici. Pero a mitad de camino, me acorde de que habían vuelto a internar a la hermana de Pipi. Sabía que era mi trabajo estar ahí para Pipi, así que me olvidé de la bici y caí en su casa con toda una temporada de Once Upon A Time a su disposición. No quería que tuviera tiempo para estar triste, pero la parte del tiempo parecía que lo manejaba bastante bien.
A Pipi le cuesta hablar. Comunicarse. Por eso sabía que nuestros silencios valían más que mil palabras. Pipi y yo somos mejores amigas, ella es mi luz en el medio de la oscuridad. Ella es la única cosa en el mundo que me hace tener fé en la humanidad.
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